El Espejo y Olive

miércoles, junio 2

“Solo ves un décimo de lo que es verdad. Hay un millón de pequeños hilos ligados a cada decisión que tomas. Puedes destruir tu vida cada vez que eliges, pero tal vez no lo sepas por veinte años… y tal vez nunca jamás lo rastrees hasta su origen y sólo tienes una oportunidad de representarlo…”

El descontento de la espera porque algo cambie la tristeza de tu vida, el sin sentido que genera el no triunfar a través de tus obsesiones, los auto-engaños y engaños que al descubrirlos, nos ahoga en un pesimismo cual Cioran y nos destruye día a día con una sonrisa en el rostro, nos hace estar enojados con todo y nada a la vez por lo que te rindes camino al encuentro con el sentido de la existencia misma, esto y más, es Synecdoche New York.

El largometraje Synecdoche New York, comenzando por su título, es un juego de palabras: "Sinécdoque" es una palabra inapropiada que se utiliza para asignar el reconocimiento de un todo determinado a través de una parte de sí o viceversa. Además de asignar la locación en dónde viven los personajes de la película.

A través del todo y a través de una persona, descubrimos la verdad de éste universo creado por Charlie Kaufman. Dirigida por el guionista y el además primerizo Director Kaufman, de quién tenemos un historial de guiones complejos y profundos, de mis favoritos, “Synecdoche” llama mi atención con una historia que en su inicio parece poco ambiciosa, un Director de Teatro llamado Caden, insatisfecho con su vida, trabaja en una obra de Teatro que parece exitosa pero que no lo hace estar completo del todo, por lo que decide llevar a cabo la propia tras obtener un gran premio.

Es complejo el intentar reunir, cada una de las líneas que sigue la película, cada uno de esos hilos ligados a cada decisión que toma Caden y las personas que lo rodean, personas que ama, que aprende a amar, personas con las que trabaja y al mismo tiempo el hilo de su eterna soledad, la que abruma al hombre con el paso de los años. Una sociedad frente a un hombre que no puede dejar de observarla.

No puedo afirmar con autoridad si comprendí a cabalidad cada parte de ésta obra o más bien reflejo, hermoso en su totalidad, con fotografía, arte y dirección en general impecable, pero es su guión y montaje, lo que sin duda nos marcó. Cada diálogo salido desde lo profundo de un corazón herido como el de Kaufman, o como el de Caden o del actor mismo que lo representará en la obra de teatro de su vida… Convierte esta película en un Metacine, complejo para un público virgen.

La construcción o más bien replica de una ciudad, cumple su función perfectamente: La pluralidad de historias avanzan a la par, utilizando un Montaje paralelo para generar contrastes dramáticos entre los personajes y lo que sucede en sus vidas, como también los flashbacks, las elipsis y contra-elipsis que ayudan a la progresión narrativa, tanto técnicamente como a nivel de relato, otorgando información de carga emocional para el personaje, con escenas de su pasado, las que escritas en el guión en un inicio, en la película fueron situadas más tarde, incrementando el dolor de recordar lo que ya no tenemos y esto es lo que sucede precisamente con la escena que escogí analizar, comparándola con el guión y su realización.

Olive, la pequeña que en un inicio es sólo la hija de su primer matrimonio, que hace caca de color verde y cuestiona todo lo que la rodea y de la cual no vuelve a saber más a causa de la vida que decide llevar su madre y de las mentiras que la envolvieron para que se olvidara de su padre; Esta es mi historia favorita y es que es la parte más blanda del corazón de Caden, quien obsesionado en su vejez con el diario de su hija, imaginando en qué estaría, finalmente lo encuentra en sus visitas a limpiar el hogar de su madre y ex mujer. En éste diario encuentra la verdad sobre lo enferma que está y sobre la melancolía que tiene al recordar un simple juego con Caden, escrito en las primeras páginas del guión pero presentadas ya en la crisis de la película, un flashback en dónde con su voz en off, la de una mujer adulta, la vemos relatar sus palabras de niña:

“…Pretendamos que somos hadas que pelean entre ellas y yo digo, deja de golpearme o moriré y tu me vuelves a pegar y digo, ahora tengo que morir y tu dices, pero te extrañaré y yo te respondo, pero tengo que hacerlo y tu tendrás que esperarme un millón de años para verme otra vez y yo estaré en una caja y todo lo que necesitaré son pequeños vasos con agua y pequeños pedazos de pizza y la caja tendrá alas como un avión y tu preguntarás, ¿A dónde te llevará? Y a casa yo te diré.”

Mientras este diálogo, que habla sobre como una niña ve la muerte, vemos escenas del pasado de Caden junto a ella, cuando jugaron a esto, los labios de la pequeña y sus palabras coinciden con la narración, vemos a Caden joven junto a ella caminar y a través de cortes, lo volvemos a ver a él pero anciano, caminando solo en su escenario recreado, además de ver escenas de la actualidad de Olive, mientras danza desnuda con sus tatuajes de flores y la emotividad que produce ésta escena, a través de cortes, flashbacks y elipsis, representan la perdida de una niña, de la niña pequeña que buscó tantos años, que le fue arrebatada y que ahora es una mujer enferma, de la que puede al fin despedirse y esta vez no como un hada que irá a casa, si no como una mujer que odia a su padre ausente y que morirá sin saber a dónde irá. Una metáfora hermosa del luto, un augurio de su separación, un juego ingenuo, tantas cosas y es tan simple a la vez que llega a cualquier espectador, porque todos tuvimos conflictos con nuestros padres y todos tenemos recuerdos de nuestra infancia que nos hacen entristecer, al ver en lo que nos hemos convertido y todo lo que hemos dejado atrás.

Synecdoche, llena de virtuosismo cinematográfico, lleno de emociones y sentimientos de amor y desamor, del miedo a vivir y a morir, de paradojas e ironías, desgarra los corazones sensibles, los corazones de los que no pueden evitar sentir dolor al oír un poema triste en otoño, en su propio comienzo del fin y los que, una vez ya en la lluvia del invierno, no podrían soportar ver una película tan real y a la vez irreal, llena de poesía pura, de casas que votan fuego de si, representando a una mujer llena de pasión pero que debe permanecer en el dolor por su propia naturaleza como lo hace Hazel… Y es como un género nuevo del cine: El humano. Impredecible, incomprensible a simple vista, lleno de muchos sentidos, de desdoblamientos de personajes principales, de los que sus actores hacen y realizan cosas que los personajes reales no se atreven, de la perdida de noción del tiempo y el espacio cuando estás en un constante aislamiento y de esa voz en off que dirige en conclusión, lo que Caden ya no puede hacer al ir perdiendo su voluntad y sólo por no poder dejar ir su pasado irreparable.

Es una retórica, es un espejo constante y no tengo nada más que decir al respecto, más que cualquier persona que yo considere capaz de poder sentirla y no tanto comprenderla, a ella se la recomendaría.

P. Lecaros

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