Abril otoñal

martes, abril 10

No puedo creer cómo ha pasado el tiempo y hoy trato de recoger esos pedazos de mis recuerdos, que ya los siento perdidos y muy lejos. Porque olvido fácil cuando no es realmente importante, pero mi inconsciente me recuerda que siento y que aun soy humano...

No sé muy bien porque lloro, siempre he intentado controlar mi emocionalidad y me he vuelto muy racional y deduzco que me encuentro nostalgica (por algo estoy aquí otra vez), ya que es mi temperamento y muy parte de mi personalidad. Pero, ¿Nostalgica de qué? Extraño mucho a mi perra, la vida es muy dificil sin ella, extraño tener amigos, extraño poder dar mi amor sincero y puro a mi familia y a quienes crea que lo merezcan... extraño esa humanidad en mi que ahora parece extraña para mi.

Mofy, siempre te amaré.


Cuando llegaste a nuestras vidas nunca pensé que ibas a significar tanto. Sólo eras un cachorro adorable que chillaba porque no quería estar solo en el patio... y yo lo entendía, también tenía miedo de dormir sola como tú en ese entonces.
Tengo la sensación de que he perdido muchos recuerdos junto a ti, pero aun así tengo una gran lista de momentos hermosos vividos juntas, corriendo por la casa y en la playa, nos mordíamos mutuamente inclusive y es que yo tenía 8 años y tu eras un bebé recién nacido y como bastarda que eras, por ser mezcla de un vagabundo con la fina de tu madre, llegaste a nuestra casa y tres niños revoltosos te recibieron felices. 

Tu nombre... era el nombre de un libro que me regaló mi mamá, era la historia de una zorrilla y quisimos llamarte así antojadisamente: Mofy Bella (Y las derivaciones: Muffin, Mufi, Mofeta, Mofita, Chancho, Rata, Coñeñe, Popepi, Chumbeque, Chimbawe, entre varios sobrenombres más.)

Viviste en muchos lugares con nosotros y en momentos tristes y felices. Te adaptabas y es que eras feliz con pasar la tarde con nuestra segunda madre, un poco de nuestra comida del plato, con correr como loca por todos lados siguiendo alguna pelota y mearte de felicidad cuando llegabamos a la casa del colegio, también te gustaba que nos fueran a visitar tíos y amigos de familia, todos notaban tu presencia e inclusive a quienes no les gustabas finalmente te terminaban queriendo, con una leve palmada o con juegos que te encantaban.
Sentía que vivías intensamente todas tus emociones, siempre ansiosa, tiritona, mañosa también, a veces te enojabas y nos mordías muy fuerte pero luego fuiste aprendiendo a aguantarnos y nos cuidabas, si alguno se caía y lloraba, tu acudías a vernos y nos lamías. Hasta en tu vejez me protegias, una guardiana maternal. 
Te arrancabas mucho de la casa, no nos gustaba que te mezclaras con otros perros porque peleabas mucho y se te podían pegar pulgas... eras y sigues siendo muy regalona.
Me daba una pena gigante en las vacaciones porque no te veía, pero siempre algún tío o mi papá te cuidaba y cada vez que nos reencontrabamos era un abrazo profundo, junto con langueteos y juegos para luego dormir felices.

Recuerdo una vez que una vecina llevo unas crías a la casa y tu las recibiste como tus propios hijos. Fue bello, ya que nunca te permitimos tener crías y más que nada, por no encariñarnos con ellas. Ignorancia nuestra, ya que esto sería lo que luego te enfermaría.
Te fuiste con nosotros a vivir a una fría ciudad, viajaste adormecida, todos estabamos preocupados de que llegaras bien y así fue, te necesitabamos junto a nosotros en esa nueva vida lejos de la playa. Sufriste mucho el cambio pero nunca quisiste usar ropa, te gustaba andar desnuda y ni siquiera collares aceptabas aunque lloviera o tronara.
Luego llego para alegrar nuestras vidas, una hermana menor y la cuidaste como si hubiera sido tuya, vigilabas su coche y la observarbas todo el tiempo y eso que temíamos que sintieras celos. 
Cuando al fin nos acostumbramos a todos estos cambios, viviste en la plenitud del campo, corriendo junto a mi hermana chica, persiguiendo otros animales y descansando bajo el sol con el ruido de las aves, el viento y la naturaleza.  
Regresaste un par de veces a la playa, el lugar de donde venías, te gustaba pisar la arena, hacer hoyos y correr con la brisa marina, no te gustaba mucho el agua pero te bañaba igual y así, tantas cosas.

Siento que me faltó más tiempo junto a ti, más paseos, que te falto algún compañero perruno, que te falto ser madre y que en vez de retarte tanto debí haberte amado mucho más de lo que lo hago, pero aunque nunca vayas a leer esto, creeme que desde que enfermaste sólo he deseado que no sufras, que comas, que duermas bien y que la vida que haz llevado haya sido lo que querías.
Superaste una gran operación en la que perdiste mamas, te haz quedado lo más que haz podido con nosotros y ahora sé que quizás no podrías soportar más. Estás ciega, con dolores en tu cuerpecito y un tumor cerebral, desearía que esperaras como cuando era niña a que llegue de mis vacaciones y que todo sea como antes, pero ya no quiero que sufras más y te dejo ir, aunque me duela mucho y no pare de llorar pensando en que te irás en el sueño o de otra forma más dolorosa... pero sólo quiero lo mejor para ti y si es que te vayas de nuestras vidas, quiero que descanses en paz.
Siempre escucharé tus patitas dar vueltas por la casa, tus ladridos, tus gruñidos, cuando en las mañanas te ibas a acostar conmigo y buscabas cariño, que me saludaras moviendo tu colita a mi llegada, que me persiguieras cuando comía, que te pusieras tiesa cuando te vestía y que fueras feliz antes de cada salida juntas. Aunque no estés fisicamente, vas a estar en mi historia eternamente y es que han sido 15 años juntas.

Ahora que ya se acaba tu ciclo de vida, me vas a hacer mucha falta, te voy a extrañar siempre y es que tu compañía fiel ha sido la mejor que jamás pude tener y si te vas ahora, te llevas gran parte de mi, de mi infancia y de un amor puro, que no buscaba nada a cambio más que amor. Significas tanto, que no te imaginas.
Me hiciste muy feliz y sé que tu también lo fuiste, nunca te voy a olvidar y nunca jamás nadie podrá reemplazarte porque eres y serás siempre mi guagua.